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Los Filósofos

GOTTFRIED WIHELM LEIBNIZ
LOS FILÓSOFOS
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BIOGRAFIA

Nació el 1 de julio de 1646 en Leizpig, (Alemania). Hijo de un profesor de filosofía. Cursó estudios en universidades de su ciudad con apenas quince años, donde se conoce el pensamiento aristotélico, platónico y escolástico, así como con la filosofía de Descartes, posteriormente los continuaría en Jena y Altdorf. En 1666 fue premiado con un doctorado en leyes, además de trabajar para Johann Philipp von Schönborn, arzobispo elector de Maguncia. Declinó la oferta de dedicarse a la enseñanza en la universidad y orientó su vida a la carrera política y diplomática. En 1673 se trasladó a París, donde pasó tres años y además visitó Amsterdam y Londres, donde se dedicó al estudio de las matemáticas, la ciencia y la filosofía. En 1676 traba como bibliotecario y consejero privado en la corte de Hannover y hasta la fecha de su fallecimiento estuvo al servicio de Ernesto Augusto, duque de Brunswick-Lüneburg, más tarde elector de Hannover, y de Jorge Luis, elector de Hannover, después Jorge I, rey de Gran Bretaña. Murió en Hannover, olvidado y desdeñado.

 

APORTES GENERALES

Su contribución al mundo de las matemáticas consistió en enumerar en 1675 los principios fundamentales del cálculo infinitesimal. En 1672 inventó una máquina de calcular capaz de multiplicar, dividir y extraer raíces cuadradas. En su exposición filosófica, el Universo está compuesto de innumerables centros conscientes de fuerza espiritual o energía, conocidos como mónadas. Cada mónada representa un microcosmos individual, que refleja el Universo en diversos grados de perfección y evolucionan con independencia del resto de las mónadas. El Universo constituido por estas mónadas es el resultado armonioso de un plan divino. Los humanos, sin embargo, con su visión limitada, no pueden aceptar la existencia de las enfermedades y la muerte como partes integrantes de la armonía universal. Este Universo de Leibniz, “el mejor de los mundos posibles”, es satirizado como una utopía por el autor francés Voltaire en su novela Cándido (1759). El programa general de Leibniz puede equipararse al de Descartes, que era intentar deducir las leyes y principios de la naturaleza a partir de unos cuantos principios metafísicos evidentes que podían conocerse a priori, o sea sin referencia o contacto con la realidad. Leibniz postuló que, para la ciencia, los dos principios metafísicos más importantes eran: 1) El principio de contradicción, por el que juzgamos como falso lo que implica una contradicción, y como verdadero lo que se opone o contradice a lo falso, 2) El principio de la razón suficiente, por el que aceptamos que nada puede ocurrir o existir (y ninguna proposición puede ser verdadera) sin que haya una razón suficiente para que ello sea de tal manera y no de otra, aunque generalmente tales razones no las podamos conocer.  Aunque sólo sea de pasada, es importante señalar que Leibniz manejó estos dos principios para demostrar la existencia de Dios y explicar la naturaleza del universo. De acuerdo con Leibniz, no existen razones intrínsecas suficientes para explicar la existencia de los cuerpos materiales, por lo que tales razones deben existir en alguna entidad no material, que es Dios. El monoteísmo es consecuencia obligada del principio de la razón suficiente, en vista de que, dados sus atributos, sólo se necesita un Dios. Por el mismo motivo, todo lo que ese Dios hace es lo más perfecto posible, aunque no todo lo que hace es absolutamente perfecto. Porque siendo Dios perfecto, la existencia sería absoluta, sin vacíos o espacios libres, lo que (según Leibniz) la haría menos que perfecta. Aquí cabe agregar otro principio importante para Leibniz, el de la "identidad de los indiscernibles", que se deriva del principio de la razón suficiente y que niega que puedan existir dos cosas diferentes que sean idénticas entre sí, porque entonces sería imposible señalar que son diferentes.

 

APORTES A LA COMUNICACIÓN

Es imposible un contacto directo entre las substancias. Si el mundo no es una serie de episodios dispersos sin ningún orden se debe a que existe una estrecha concordancia y relación entre las representaciones en cada substancia y entre las substancias. A esto lo denominó Leibniz comunicación de las substancias.

"Y Sin embargo, es muy cierto que las percepciones o expresiones de todas las substancias se corresponden mutuamente, de suerte que cada cual, siguiendo con cuidado ciertas rezones o leyes que ha observado, se encuentra con otro que ha hecho otro tanto, al modo que cuando convienen muchos en reunirse en un paraje dado y en día fijo, lo pueden hacer efectivamente si quieren. Mas aunque todas expresan los mismos fenómenos, no por eso hay precisión de que sus expresiones sean perfectamente semejantes, sino que basta que sean proporcionales." (Discurso de metafísica. Op. Cit.14, pg. 17)

El mundo es una totalidad cooperante. Cada substancia representa el universo entero a su manera y según su punto de vista. Cada substancia es un espejo del universo, una repraesentatio mundi.

 

CONCLUSIONES

Los estudios de este autor reflejan que cada una de las cosas que nos rodean son substancia y que de ellas cada uno de nosotros elaboramos una “definición” de ella, esto hace que todos poseamos conceptos similares pero diferentes, a partir de procesos que él identifica en sus obras. La armonía que plantea es como un equilibrio natural del universo que para él es obra perfecta de Dios. Es de gran importancia porque es base fundamental de las aportaciones retomadas más adelante por otros autores, y sin embargo el muere olvidado sin ser tomado en cuenta en vida.